COLUMNISTA INVITADO
18 de Septiembre de 2022
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Mauricio Botero Caicedo

Diario EL ESPECTADOR

Anunciar no es gobernar

A los primeros meses de haberse iniciado el gobierno de Duque en el 2018, con el fin de obstaculizar precisamente lo que los petristas están proponiendo ahora, como la reforma tributaria y el alza de los combustibles, quienes hoy debieran gobernar iniciaron una feroz oposición, incluyendo los paros armados y las activaciones de la llamada “primera línea”. Eran lo que los sajones llaman backseat drivers (conductores del asiento de atrás). La administración Petro hace más de un mes dejó de ser el conductor del asiento de atrás y ya debiera estar firmemente al timón. Es hora de dejar de ser un backseat driver y empezar a gobernar y administrar,

dos cosas complementarias, pero diferentes. En su día Horacio Gómez afirmaba: “Entre gobernar y administrar existe un abismo. Las diferencias son inmensas. Administrar es una cuestión de técnica. Gobernar es cuestión de autoridad.

El administrador organiza, coordina, establece prioridades, cuantifica y pone todo a funcionar. El gobernante señala metas, ilumina, guía, recomienda soluciones generales y se hace seguir. El administrador detalla riesgos, localiza peligros, vacila y duda. El gobernante visionariamente supera con acierto las encrucijadas”.

Roy Barreras, el poder detrás (algunas veces delante) del trono, en reciente entrevista en El Tiempo (11/09/22) expresa con claridad la problemática del actual Gobierno: “Hace falta pie en el acelerador por parte del gabinete. Se necesita que los ministros ejecuten las directrices claras del presidente. Al mandatario no se le puede dejar solo en su tarea. Él marca el camino. Volver sus directrices acciones de gobierno es responsabilidad de los ministros y de sus directores de institutos. Muchos de los ministros tienen experiencia y están trabajando bien. Algunos otros, nuevos en tareas de gobierno, tienen dificultades para dejar de ser activistas y volverse ministros. Hay una diferencia entre ser un líder popular, social, y tener la

responsabilidad de gobierno. Es una transición que puede y debe hacerse, pero todavía a algunos miembros del Gobierno les cuesta trabajo verse como tales y no como integrantes del activismo sectorial”. Donde Barreras también tiene la razón es en recalcar que los ministros y los altos funcionarios no pueden reemplazar las acciones de gobierno por utopías ni por discursos filosóficos.

Apostilla. En EE. UU., el término university generalmente significa una institución que ofrece programas de posgrado y doctorado, mientras que el college es exclusivamente pregrado. En el oriente de EE. UU. hay varios colleges que no sólo han izado la bandera de lo “políticamente correcto”, sino que han asumido la vocería de la cultura woke, una forma de antirracismo pervertido, donde la más mínima transgresión a esa nueva moral es castigada con el ostracismo eterno. Uno de estos colleges es Oberlin, que en días pasados fue condenado por la Corte Suprema de Ohio a pagar US$36,6 millones a una pequeña pastelería que había denunciado a un afrodescendiente por robo. Oberlin, en vez de permitir que la justicia funcionara, les dio su respaldo a activistas que acusaron a la pastelería de racismo. La Corte consideró que, al haberse hecho parte de una falsa acusación, Oberlin tenía que asumir responsabilidades civiles y penales.