¿Qué pasará con el Chelsea?

Abril 4, 2022

¿Qué pasará con el Chelsea?

Foto: Diario As

El Chelsea pasó de la oligarquía a la intervención estatal. La crisis institucional del Chelsea no ha inhibido a los futbolistas. 


Según un empresario que trabaja con el Chelsea, los agentes de Jorginho, Werner y Havertz han advertido a sus clientes de que el cambio de propiedad amenaza su cotización. Con el lastre que eso supone ante las renovaciones contractuales futuras, muchos jugadores buscan destino para ir traspasados y así conservar intacto el prestigio profesional.


El rival del Madrid en Champions pasa de ser un capricho de Abramovich a objeto de control de Boris Johnson. Los jugadores no han dejado de cobrar ni un céntimo y tienen la garantía del Gobierno británico de que sus contratos serán respetados. El conflicto comenzó cuando nada más ganar la Champions el técnico solicitó al club el fichaje de Lukaku, sin temor a exhibir su desprecio por atacantes como Werner, Havertz o Ziyech, a los que calificó de inmaduros.


Hubo un tiempo en el que Roman Abramóvich ejerció de director deportivo del Chelsea de facto. Los empleados del club le recuerdan inquieto por las oficinas persiguiendo a todos aquellos que le advertían de que gastarse 60 millones de euros en Torres era una pésima idea. Cierto día, uno de los técnicos más críticos con Torres se quedó pasmado cuando el ruso le miró sin pestañear y serio como un rabino le hizo una confesión: “Yo empecé mis negocios comprando una fábrica de juguetes; si con eso me he hecho rico, ¿cómo no voy a saber si un futbolista es bueno?”.


The Guardian, The Times y The Daily Telegraph, anunciaron que este sábado en Stanford Bridge se produciría una manifestación contra el racismo de los Ricketts, y esto preocupaba al Gobierno. Dentro del campo no colgaron ni una pancarta alusiva a la subasta. La gente acudió al partido, bebió sus pintas, cantó a coro sin mencionar conflicto alguno y se retiró temprano a casa. Solo se advertían viandantes paseando al perro entre las tumbas del cementerio de Brompton.


No tardó en nombrar a una delegada con poderes plenipotenciarios: Marina Granovskaia, su primera socia en el emprendimiento de fabricación y venta de muñecas de plástico en el Moscú de la Perestroika. Por otro, promete seguridad jurídica y rigor moral en el control de la subasta, no sea que los nuevos dueños proyecten peor imagen que la del ruso, muy querido hasta ahora por la hinchada.


Ahora el Gobierno afronta una contradicción que no puede resolver fácilmente. Fuentes próximas al Chelsea indican que la Administración camina en el alambre. Les advertían de la conveniencia de que se alejaran del club y no utilizaran sus teléfonos para ponerse en contacto con nadie, mucho menos con las personas de confianza de Abramóvich. Cuando el 24 de febrero Vladimir Putin ordenó la invasión, Marina Granovskaia y sus paisanos desaparecieron de Stamford Bridge sin dejar rastro. Algunos de estos agentes responden directamente a comisiones de Boris Johnson, como cuando desde Downing Street ordenaron levantar la prohibición de vender entradas a los aficionados o como cuando se amplió el presupuesto de viajes del primer equipo, porque las 20.000 libras previstas no alcanzaban para contratar un vuelo chárter, según Financial Times.




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