La pobreza se está tomando el país

Mayo 3, 2021

La pobreza se está tomando el país

Foto: BBVA

El cierre del 2020 y el inicio del 2021 ha estado marcado por el crecimiento en la curva de contagios por el SARS-CoV-2 y la implementación de medidas restrictivas para mitigar el impacto del segundo (y ahora el tercer) pico de contagios y muertes.


Los resultados de pobreza por ciudades y departamentos muestran un país de realidades muy diferentes y la presencia de importantes brechas regionales. La pandemia llegó en un momento en el que la situación de los hogares colombianos ya era compleja, en particular, como lo demuestran las cifras para algunas ciudades y departamentos. En el mediano plazo, será vital avanzar en la implementación de políticas diferenciales, con mirada regional, para la mitigación de pobreza y eso pasa por una necesaria y apremiante discusión acerca de los niveles de desarrollo de nuestros territorios.


En las principales ciudades del país y algunos departamentos, se han vuelto a tomar medidas estrictas de aislamiento obligatorio que sin duda afectarán las perspectivas de recuperación de la economía. Lo anterior, necesariamente implica hablar de la difícil situación por la que atraviesan los hogares colombianos desde el inicio de la pandemia. Las cuarentenas y las restricciones a la movilidad deterioraron significativamente el mercado laboral, lo que, a su vez, redujo el ingreso percibido por la mayoría de las personas de la población activa.


En efecto, en ANIF estiman una pérdida de ingreso laboral superior a los 30 billones de pesos entre marzo de 2020 y febrero de este año. Eso, junto con lo visto en enero y abril da pie para pensar que los resultados de pobreza del 2020 serán peores de lo que se esperaba en un inicio.


Igual de importante a lo anterior resulta el hecho de que en 2019 la incidencia de pobreza monetaria y extrema, independientemente de la metodología utilizada para medirlas, ya presentaba un importante deterioro. Antes de la pandemia se habían identificado problemas estructurales en el mercado laboral que incidían directamente en la generación de ingresos en los hogares. Ahora, en el escenario en el que nos ha dejado la pandemia y, sobre todo, a causa de las medidas de mitigación de contagio, esos efectos se profundizarán.


Desde ANIF han llamado la atención, ya en varias ocasiones, sobre los altos costos en términos de bienestar que las cuarentenas y aislamientos obligatorios han significado para los hogares colombianos. Como se vio en los resultados de la encuesta Pulso Social del DANE, el bienestar de los hogares está altamente relacionado con la capacidad de gene- rar ingresos para atender las necesidades básicas. En ese sentido, la preocupación es absoluta si tenemos en cuenta que tras la pandemia tan solo el 71% de los hogares manifestó consumir las tres comidas diarias.


Con eso, se quiere decir que la imposición de nuevas medidas restrictivas al inicio del año 2021 supone un mayor riesgo para la recuperación del empleo y la disminución de las cifras de pobreza. En varios informes se ha llamado la atención sobre los altos costos económicos de las medidas restrictivas y su baja efectividad para el control de los contagios y, más importante aún, las muertes por SARS-CoV-2.


El falso dilema entre proteger la salud o la economía desconoce que, en el fondo, lo primordial es el bienestar de los colombianos. Así que se deben tomar medidas que permitan al sistema de salud absorber el incremento en la demanda de servicios, particularmente los de internación en Unidades de Cuidado Intensivo (UCI), sin poner en riesgo la recuperación de la actividad económica.


El análisis detallado de las cifras de pobreza publicadas por el DANE para el año 2019 deja claros varios aspectos. El primero es que era necesario llevar a cabo la actualización para capturar de mejor manera los patrones de consumo de los hogares y reconocer las diferencias en las dinámicas regionales. La estimación de las líneas de pobreza regionales es, sin duda, un gran logro. Una caracterización más específica de los hogares colombianos permitirá generar políticas públicas con enfoque territorial que aborden de manera diferencial los problemas específicos a cada una de las regiones.


Cabe decir que los incrementos estimados para 2020 no incluyen los posibles efectos de los programas de transferencias establecidos durante la pandemia para paliar el choque a los ingresos de los hogares. Estimaciones demuestran que el ingreso solidario, la compensación del IVA y otros programas implementados durante el año pudieron mitigar de forma notable el alza en los índices de pobreza en el país. La CEPAL proyecta que la pobreza extrema en Colombia habría sido 2.2pp superior sin las transferencias, mientras que para el caso de la pobreza moderada ese valor es de 1.2pp.


En cuanto a la pobreza extrema, las estimaciones muestran que podrá estar alrededor del 12,8% en 2020. Así, 6,3 millones de personas (1,6 millones más que en 2019) estarían viviendo con menos de $140.000 al mes. Las cifras auguran un panorama de pérdida de bienestar de los hogares sobre el que hay que actuar ya y de manera decidida. Es necesario continuar con los apoyos directos a los hogares, al mismo tiempo que se dan incentivos al sector empresarial en general y se promueven sectores generadores de empleo como construcción, obras civiles, comercio y servicios turísticos y de alojamiento.


En Colombia, el último cambio de metodología se había llevado a cabo con la Misión de Empalme de Series de Empleo, Pobreza y Desigualdad que culminó en 2009 y cuyo resultado fue la construcción de series comparables entre el 2002 y el 2008. Es así como, diez años después de ese proceso y siguiendo las recomendaciones de la OCDE, era necesario realizar un nuevo ajuste. De hecho, si se dejan pasar lapsos de tiempo muy largos entre los procesos de ajuste metodológico se puede perder la comparabilidad de las series. Adicionalmente, la actualización permite incorporar cambios significativos en los patrones de ingresos y gastos de los hogares.


En primer lugar, la ENPH permite hacer una revisión exhaustiva de los patrones de consumo de los hogares colombianos. En particular, en el perfil de consumo se ve un incremento importante en el gasto en comidas preparadas fuera del hogar, una mayor participación del gasto en servicios públicos y vivienda y una menor participación del gasto en alimentos. Esa recomposición en los patrones de gasto por sí misma justifica la necesidad de la actualización. 


Lo anterior hace que, por ejemplo, las comidas por fuera del hogar, un grupo de artículos que no se encontraba dentro de la canasta básica anteriormente, ahora sí se incluya.


Por otra parte, los hogares con jefes de hogar con empleos formales, es decir asalariados y afiliados al sistema general de seguridad en pensiones, muestran porcentajes de pobreza muy bajos. Así las cosas, el mercado laboral es un termómetro de las condiciones de pobreza. Una mayor formalidad e ingresos laborales más altos, que reflejan los niveles educativos de la población son, entre otras, características relacionadas con menores niveles de pobreza monetaria.


De tal manera que, mejorar la empleabilidad de la población, al mismo tiempo que se promueve la productividad y formalidad empresarial, son condiciones necesarias para disminuir la pobreza y mejorar las condiciones de vida de los hogares.


No obstante, existen hogares donde sus jefes tienen educación terciaria (técnica o universitaria) y que se encuentran en situación de pobreza o pobreza extrema. Esto se explica, en primer lugar, por el hecho de que los hogares son numerosos y solo trabaja un miembro de estos, lo cual hace que el ingreso per cápita sea inferior a las respectivas líneas de pobreza. Por otra parte, esos resultados pueden ser también el reflejo de los problemas de pertinencia y calidad del sistema educativo en el país. El aumento en la cobertura en educación terciaria no siempre se ha dado en programas e instituciones que den las competencias y la calidad que exige el mercado de trabajo, la con- secuencia es desempleo o subempleo en personas con educación técnica y superior.


De otro lado, es evidente que existe un ciclo de vida relacionado con la pobreza y la edad de los jefes de hogar. 


Los hogares de jefes jóvenes tienen niveles de pobreza mayores, comparados con aquellos de mayor edad, con una diferencia de cerca de 12 pp en sus porcentajes de pobreza (51.4% vs. 43.2%). El mismo patrón se observa para la pobreza extrema, aunque la diferencia entre los hogares dirigidos por personas menores de 35 años frente a los mayores de 56 años es de solo 6pp (22.5% vs. 16.5%).


De los 24 departamentos representados en la GEIH en 2019, 13 (54%) presentan porcentajes de pobreza por encima del promedio nacional. El caso más dramático es el Chocó, donde el 68.4% de su población se encuentra en condición de pobreza por ingresos y el 39% en pobreza extrema. La Guajira, con un 62% de pobreza y Cauca (60%) son dos casos más que reflejan las disparidades regionales. El contraste con departamentos como Cundinamarca, Valle del Cauca, Bogotá D.C. y Atlántico, que tienen porcentajes de pobreza entre el 20% y el 27% y de pobreza extrema en un rango entre el 3.5% y 6.7%, es dramático.


La metodología del DANE permite ver el comportamiento de la pobreza en cada una de las 23 principales ciudades del país. Las ciudades con mayor pobreza son Quibdó (60.9%), Riohacha (49.3%), Cúcuta (45.5%) y Popayán (44.9%). En el otro extremo, con menores porcentajes de pobreza se encuentran Manizales (20.6%), Cali (21.9%), Medellín (24.4%) y Barranquilla (25.6%). Se aprecia que el efecto del cambio metodológico no fue igual entre las ciudades y no está directamente relacionado con tener un mayor nivel de pobreza. Por ejemplo, entre las ciudades que más incrementaron el porcentaje de personas pobres se encuentran Tunja (16.8 pp) y Bucaramanga (15.2 pp), ciudades con niveles de pobreza por debajo del promedio nacional. De otro lado, Riohacha (49.3%), Cúcuta (45.5%) o Valledupar (40.8%), que muestran altos porcentajes de pobreza, vieron pequeños aumentos entre la metodología anterior y la nueva.




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