La violencia financiera es una forma de abuso que frecuentemente se presenta en el contexto de la violencia doméstica, y suele ser uno de los primeros síntomas de control y manipulación en una relación. Según el informe «Atrapada y controlada» de Women’s Aid, el abuso financiero incluye conductas como el uso del nombre de la pareja para obtener créditos, la manipulación de cuentas bancarias sin consentimiento, o la exigencia de entregar ingresos mensuales bajo amenazas.
Para detectar esta violencia y transformarla en empoderamiento, es crucial que las personas afectadas analicen su situación, asuman responsabilidad sobre sus decisiones financieras y busquen asesoría legal y financiera si es necesario. La educación financiera se presenta como una herramienta clave para prevenir y revertir estos abusos. Programas como el de Financiera Progressa han capacitado a más de 9.000 personas, con un 68% de participantes mujeres, en la gestión responsable de sus recursos.
Un estudio de 2021 realizado en Colombia reveló que un 57% de las mujeres encuestadas tenían un bajo nivel de competencia en la administración del dinero, lo que resalta la importancia de la educación financiera dirigida a mujeres. Además, se observó que el 71% de las participantes mostró interés en programas de asesoría financiera cuando se utilizaba un enfoque adaptado a sus necesidades.
La clave para evitar que la violencia financiera siga afectando a muchas personas radica en aumentar la educación financiera y fortalecer las redes de apoyo para que las mujeres puedan tomar decisiones económicas independientes, reduciendo así su vulnerabilidad al maltrato financiero.