La admisión de un “error grave” por parte del Comité Técnico de Árbitros (CTA) tras la no intervención del VAR en el pisotón de Echeverri sobre Koundé ha desatado una nueva tormenta en el arbitraje español. La acción, ocurrida en partido de LaLiga, dejó múltiples interrogantes sobre los criterios y decisiones en la cabina de videoarbitraje.
La jugada, en la que el defensor del FC Barcelona Jules Koundé sufrió un claro pisotón por parte del jugador del Girona FC, no fue revisada por el VAR pese a la contundencia de las imágenes. Para muchos analistas, no se trataba de una acción “fronteriza” ni sujeta a interpretación compleja, sino de una infracción evidente que merecía, como mínimo, revisión en campo.
El foco de la controversia apunta tanto al árbitro principal, Soto Grado, como al responsable del VAR, David Gálvez Rascón, cuya decisión de no llamar a revisión ha generado más dudas que certezas. La explicación oficial del CTA, lejos de cerrar el debate, ha alimentado la percepción de inconsistencias en la aplicación del protocolo.
En medio de la reciente reestructuración arbitral impulsada por la Real Federación Española de Fútbol, el episodio reabre la discusión sobre transparencia y rendición de cuentas. Más allá del fallo puntual, la polémica vuelve a instalar la pregunta de fondo: en el arbitraje moderno, ¿el problema es equivocarse o decidir no corregir?
