Hace casi un año, la exconcejal de Bogotá y autora de la Política Pública de Salud Mental de la capital, Gloria Díaz, visitó Boyacá para encender las alarmas sobre el incremento de los casos de suicidio en el departamento, uno de los más afectados del país en esta materia. Doce meses después, las cifras más recientes muestran que, aunque persisten los retos estructurales, el departamento ha logrado avances medibles en la implementación de su política pública, mientras la conducta suicida sigue siendo una de las principales preocupaciones de salud pública en la región.
El diagnóstico que encendió las alarmas
Durante su visita, Díaz advirtió sobre el aumento sostenido de los intentos de suicidio registrados en Colombia entre 2020 y 2024, con el pico más alto en 2023 y un incremento del 26 por ciento en 2022 frente al año anterior. En Boyacá, el panorama resultaba particularmente crítico: a septiembre de 2025 se habían reportado más de 663 intentos de suicidio, una tasa de 50,1 por cada 100.000 habitantes, muy por encima del promedio nacional. Solo en Tunja se habían confirmado más de diez casos consumados, y el departamento encabezaba además el listado nacional en trastornos de la conducta alimentaria, con una tasa de 48 por cada 100.000 habitantes frente a un promedio país de 22.
Ante ese escenario, la dirigente hizo un llamado a fortalecer la atención primaria en salud mental con presencia territorial, garantizar líneas de atención permanentes y capacitar a docentes, líderes comunitarios y personal de salud en la detección temprana de riesgos.
Un año de gestión: 51,7 por ciento de cumplimiento
De acuerdo con el balance más reciente entregado por la Secretaría de Salud de Boyacá, la Política Pública de Salud Mental 2020-2030 del departamento registra un cumplimiento acumulado del 51,7 por ciento entre 2020 y 2025. El reporte fue presentado durante la última sesión ordinaria del Consejo Departamental de Salud Mental, instancia técnica y consultiva que hace seguimiento periódico a los compromisos intersectoriales en la materia.
En ese mismo espacio, las autoridades departamentales han insistido en que la respuesta a la crisis de salud mental no puede recaer únicamente en el sector salud, sino que requiere un enfoque intersectorial que involucre a los ámbitos laboral, educativo y comunitario, dado que factores como la violencia intrafamiliar, el consumo de sustancias psicoactivas y la obesidad inciden directamente en el comportamiento suicida.
Nuevas estrategias en marcha
Como parte de este proceso, la Secretaría de Salud de Boyacá socializó recientemente ante el Consejo Departamental de Política Social los lineamientos de la estrategia Código Dorado, una iniciativa del Ministerio de Salud que el departamento adoptará a su contexto regional para fortalecer la identificación temprana de casos de riesgo, la atención prioritaria y la activación oportuna de rutas de atención.
Esta estrategia se suma a otras acciones que la Gobernación ha desarrollado desde 2024, como el programa intersectorial «Abracemos la Vida», que articula a las secretarías de Salud, Educación, Integración Social y Cultura, junto con organizaciones comunitarias y el sector privado, en un plan conjunto de prevención de la conducta suicida.
El reto que continúa
Pese a estos avances institucionales, las autoridades de salud del departamento han sido enfáticas en que un solo caso de suicidio debe seguir encendiendo las alarmas y que la prevención exige un trabajo sostenido en el tiempo. La conducta suicida en Boyacá continúa mostrando una fuerte correlación con la violencia de género, sexual e intrafamiliar y con el consumo de alcohol y sustancias psicoactivas, factores que las autoridades departamentales han identificado como prioritarios para las estrategias de intervención de los próximos años.