Una discreta planta nativa, ignorada por muchos y presente en parques, jardines y bordes de carretera, se está convirtiendo en el centro de una ambiciosa investigación científica que busca cambiar la forma en que los boyacenses entienden su entorno. Se trata del Solanum lycioides, conocido popularmente como “gurrubo”, una especie que podría ser clave para comprender la relación entre la biodiversidad y la vida urbana.
El estudio, que actualmente se desarrolla en distintas zonas del departamento de Boyacá, tiene como objetivo identificar y analizar los visitantes florales de esta planta —especialmente abejas— y entender cómo estas interacciones cambian desde áreas rurales hasta ciudades más urbanizadas como Tunja.
Detrás de esta iniciativa está la investigadora boyacense Yuri Chantre, bióloga formada en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC), quien lidera el proyecto en articulación con esta institución y el Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica (IPICYT) de México. Su trabajo se enfoca en estudiar la entomofauna en ecosistemas urbanos altoandinos, un campo clave para comprender cómo la urbanización impacta la biodiversidad.
La investigación no solo busca generar conocimiento científico, sino también involucrar a la ciudadanía. A través de redes sociales, especialmente Instagram, los habitantes de Boyacá están siendo invitados a participar enviando fotografías del “gurrubo” que encuentren en su entorno cotidiano. Estas imágenes permitirán ampliar el registro de la distribución de la planta y, en algunos casos, documentar los insectos que interactúan con ella.
El proyecto también analizará cómo factores como la urbanización influyen tanto en la planta como en sus visitantes, revelando posibles cambios en sus dinámicas ecológicas. Esta información resulta clave en un contexto donde las ciudades crecen y transforman los paisajes naturales.
La trayectoria de Chantre respalda la relevancia de esta investigación. Su experiencia incluye monitoreo de biodiversidad en escenarios internacionales como República Dominicana, Surinam y Ecuador, además de trabajos con empresas nacionales en procesos de restauración ambiental. Su enfoque ha sido constante: entender cómo la fauna, especialmente los insectos, responde a la transformación del territorio.
Más allá de los datos y análisis, este proyecto plantea una apuesta mayor: reconectar a las personas con la biodiversidad que las rodea. Reconocer una planta como el “gurrubo” y observar las abejas que la visitan podría parecer un gesto simple, pero representa un paso fundamental hacia la conservación de los ecosistemas urbanos.
En Boyacá, la ciencia está saliendo de los laboratorios para instalarse en las calles, los jardines y los celulares de sus habitantes. Y en ese proceso, una planta olvidada podría convertirse en protagonista de una nueva forma de entender y proteger la vida que florece en medio de la ciudad.