La infraestructura vial de Boyacá enfrenta nuevos desafíos. Aunque algunas obras avanzan y otras ya fueron reconstruidas, varias comunidades rurales siguen dependiendo de puentes vulnerables o de proyectos cuya ejecución presenta dificultades.
Una de las situaciones más preocupantes se registra en Socha, donde las obras del puente sobre la quebrada El Boche permanecían suspendidas desde hacía más de un mes, según un reporte publicado en septiembre. Además, una emergencia ocurrida el 11 de octubre por un represamiento de agua, piedras y lodo llevó a las autoridades a solicitar la evacuación preventiva de dos viviendas cercanas y a mantener el monitoreo de la zona.
En contraste, el puente El Triunfo, que conecta a Moniquirá con San José de Pare, fue reconstruido tras su colapso en febrero de 2026. La nueva estructura recibió una inversión superior a los 2.800 millones de pesos y quedó lista para entrar en servicio a finales de septiembre, una obra clave para recuperar la movilidad entre las comunidades de ambos municipios.
Otro caso pendiente es el puente sobre la quebrada Tobasía, entre San Eduardo y Berbeo. En octubre, el Tribunal Administrativo de Boyacá ordenó al Instituto Nacional de Vías construir y poner en funcionamiento una nueva estructura en un plazo máximo de 12 meses, debido a las dificultades que afronta la comunidad desde el colapso del paso.
La preocupación también se extiende al estado general de la infraestructura. En mayo, la Secretaría de Infraestructura departamental advirtió que al menos 90 puentes presentaban un nivel de riesgo alto, debido a factores como la antigüedad, la erosión, las lluvias y el deterioro estructural.
Los antecedentes de puentes afectados en Úmbita, Macanal y Tununguá muestran que estas emergencias no solo comprometen la movilidad, sino que también dificultan el transporte escolar, la atención médica y la comercialización de productos agrícolas.
El reto para las autoridades consiste en acelerar las obras pendientes, mantener las estructuras existentes y priorizar las intervenciones según su nivel de riesgo. Para las comunidades, recuperar estos pasos significa restablecer conexiones esenciales para su vida cotidiana y su economía.