Con seis departamentos en riesgo y 116 municipios susceptibles al desabastecimiento, la RAP-E Región Central lanzó nuevas alertas y estrategias frente a la posible llegada del fenómeno de El Niño entre 2026 y 2027.
La amenaza ya no es una posibilidad lejana: es un escenario que las autoridades regionales monitorean semana a semana. La Región Administrativa y de Planeación Especial (RAP-E) Región Central, que agrupa a Bogotá, Boyacá, Cundinamarca, Huila, Meta y Tolima, reactivó y reforzó su estrategia de gestión frente a la crisis hídrica, ante la probabilidad de que el país transite hacia una nueva fase del fenómeno de El Niño en los próximos meses.
Una radiografía climática preocupante
De acuerdo con la actualización más reciente del Boletín Regional para la Prevención de Riesgos de Desastres, existe una probabilidad cercana al 61% de que se consoliden condiciones propias de El Niño entre mediados de 2026 y comienzos de 2027, un escenario que podría traducirse en periodos prolongados de sequía, incremento de temperaturas y mayor presión sobre los sistemas de abastecimiento de agua en toda la región central del país.
El panorama es especialmente delicado porque no es uniforme: mientras zonas de Tolima y Huila podrían enfrentar déficits importantes de lluvia, sectores del oriente de Boyacá, Cundinamarca y el piedemonte del Meta podrían, paradójicamente, registrar excesos de precipitación que elevarían el riesgo de inundaciones. A esto se suman anomalías térmicas que, según el documento, podrían superar hasta en 3°C los niveles normales en varias zonas de la región.
Las cifras que preocupan a la entidad son contundentes: actualmente el 82% de la población de la Región Central habita en zonas con amenaza alta por movimientos en masa, mientras que al menos 116 municipios presentan susceptibilidad al desabastecimiento de agua potable por factores climáticos y meteorológicos.
El llamado a la acción territorial
Frente a este diagnóstico, la RAP-E reiteró el llamado a las autoridades locales y a la comunidad en general para activar los Consejos Municipales de Gestión del Riesgo, instancias clave para definir y priorizar estrategias de prevención tanto en el sector agropecuario como en la sociedad civil. La entidad también insistió en la importancia de fortalecer las capacidades de monitoreo y respuesta frente a incendios forestales, uno de los riesgos que suele intensificarse durante los periodos secos asociados a El Niño.
Como parte de este esfuerzo, la RAP-E puso a disposición de municipios y ciudadanía herramientas de monitoreo en tiempo real, entre ellas visores interactivos que permiten consultar alertas, niveles de ríos y focos de calor en distintas zonas del territorio, un recurso pensado para anticipar emergencias antes de que se conviertan en crisis.
Articulación regional: la Mesa de Gestión del Riesgo
La estrategia no se limita a boletines técnicos. La entidad fortaleció recientemente sus acciones de prevención a través de la Mesa Regional de Gestión del Riesgo de Desastres, un espacio de gobernanza que desde 2023 promueve la articulación entre los seis territorios que integran la Región Central para enfrentar de manera conjunta incendios forestales, desabastecimiento hídrico y afectaciones socioambientales derivadas del fenómeno climático.
En ese encuentro se socializó la oferta institucional disponible desde el nivel nacional para apoyar la reducción del riesgo, incluyendo estrategias comunitarias para el manejo de incendios forestales, además de avanzar en una hoja de ruta regional para el monitoreo de la movilidad humana asociada a desastres y degradación ambiental. Uno de los resultados centrales de la jornada fue un taller de identificación de capacidades regionales, orientado a construir un plan de acción conjunto entre los departamentos.
Los páramos, la otra línea de defensa
Más allá de la respuesta inmediata ante la emergencia climática, la RAP-E también ha apostado por una estrategia de fondo: proteger los ecosistemas que garantizan el agua a largo plazo. A comienzos de año, la entidad participó en un taller de diálogo social urbano-rural centrado en el corredor de páramos Chingaza–Sumapaz–Guerrero–Guacheneque, una de las zonas más importantes para el abastecimiento hídrico del país.
Ese proyecto contempla la restauración ecológica de más de 800 hectáreas en ecosistemas estratégicos, la recuperación productiva de 180 hectáreas mediante sistemas sostenibles, y la conservación de microcuencas prioritarias que abastecen a Bogotá y a municipios de Cundinamarca. La iniciativa, que se desarrolla en 11 municipios y cuatro complejos de páramo, busca vincular a más de 10.600 personas en procesos de conservación y beneficiar directamente a más de 3,5 millones de habitantes de la región.
Un compromiso que la entidad respalda con resultados
Durante su más reciente rendición de cuentas, la RAP-E destacó que su Plan de Seguridad Hídrica de la Región Central avanza con acciones concretas enfocadas en la protección de ecosistemas estratégicos y el fortalecimiento de la gestión del agua, un eje que la entidad ha priorizado dentro de su agenda de sustentabilidad ecosistémica y manejo de riesgos.
Con estas acciones, la RAP-E Región Central reafirma su apuesta por construir territorios más resilientes frente al cambio climático, promoviendo la coordinación entre entidades departamentales, municipales y ambientales, y la toma de decisiones basadas en información técnica, para proteger la seguridad hídrica, los ecosistemas estratégicos y el bienestar de millones de habitantes que dependen de este recurso vital.