La Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca hace un llamado a quienes buscan reforestar con esta especie emblemática: hacerlo en el lugar equivocado puede frenar la restauración ecológica en lugar de ayudarla.
Sembrar frailejones se ha convertido en una de las formas más populares de ayudar al medio ambiente en Cundinamarca y Boyacá. Sin embargo, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) advierte que esta noble intención, cuando se hace sin el conocimiento técnico adecuado, puede terminar generando más daño que beneficio para los ecosistemas de alta montaña.
La autoridad ambiental hizo un llamado a los habitantes de su jurisdicción para que se abstengan de plantar frailejones en zonas diferentes al ecosistema de páramo, ya que esta práctica puede alterar el equilibrio natural de las áreas intervenidas, especialmente en sectores deforestados o afectados por incendios que originalmente no correspondían a este tipo de vegetación.
En el territorio CAR existen 18 especies de frailejones, de las cuales 7 son endémicas, es decir, exclusivas de estas montañas y que no se encuentran en ningún otro lugar del planeta. Esta riqueza se distribuye en seis complejos de páramo que tienen presencia en la jurisdicción de la Corporación: Altiplano Cundiboyacense, Chingaza, Guerrero, Iguaque-Merchán, Rabanal-río Bogotá y Cruz Verde-Sumapaz.
El frailejón cumple un papel esencial en la regulación hídrica de los páramos, considerados verdaderas fábricas de agua para millones de personas. Su estructura le permite capturar la humedad del ambiente, almacenarla y liberarla lentamente hacia ríos y quebradas. Por eso, cuando se planta en zonas con condiciones climáticas distintas a las del páramo, la especie simplemente no logra sobrevivir, lo que además interfiere con los verdaderos esfuerzos de restauración ecológica, genera competencia con otras especies nativas y desestabiliza las poblaciones vegetales propias de cada territorio.
La advertencia cobra especial relevancia luego de que la CAR reportara este año graves afectaciones a poblaciones de frailejones en el departamento de Boyacá. En el páramo de Iguaque-Merchán, en zona rural de Saboyá, la entidad impuso sanciones superiores a los 100 millones de pesos a dos particulares que arrasaron con cerca de 250 frailejones y más de 40 fanegadas de vegetación nativa para sembrar papa, además de obligarlos a plantar 550 árboles de especies propias del páramo bajo estricto seguimiento técnico durante tres años.
La Corporación insistió en que la protección de los páramos no se limita a evitar su destrucción, sino que también exige sembrar de manera responsable. Por eso, recomienda que cualquier iniciativa de reforestación con frailejones cuente con el acompañamiento de expertos y autoridades ambientales, que puedan orientar sobre las especies adecuadas según cada tipo de suelo y altitud, garantizando así que los esfuerzos ciudadanos realmente contribuyan a la recuperación de estos ecosistemas estratégicos y no terminen convertidos en un nuevo problema para su conservación.